A la hora de iniciar un negocio, dentro o fuera de internet, los emprendedores suelen llenarse de temores. No son más que manifestaciones de las excusas, de los miedos que se apoderaron de ellos y que les impiden dar el primer paso. Uno de ellos, uno de los más grandes, es enfrentarse al mercado, medirse a la competencia. Reconocer que pueden ser pisoteados, devorados, les da pavor y, por eso, prefieren tirar la toalla.

Cuando uno sale a la calle cada mañana, especialmente en nuestros desordenados países latinoamericanos, es como si se metiera en una jungla. De cemento y acero, pero jungla al fin, llena de fieras, de peligros, de amenazas. La inseguridad, la falta de cultura de los peatones y de los conductores de vehículos públicos y privados, los motociclistas y hasta los ciclistas encarnan unos riesgos latentes. Sin embargo, todos los días los enfrentamos.

En el mundo de los negocios ocurre lo mismo: ¡Ya todo está inventado! Eso no significa, sin embargo, que no haya una buena oportunidad para ti y tu negocio. El mercado es tan grande, tan variado, tan cambiante, que siempre hay una oportunidad siempre y cuando hagas lo que ese mercado te pide. Ninguna empresa, por grande que sea, puede satisfacer todas las necesidades, tampoco puede atender a todos los clientes.

Piénsalo: los bancos, en esencia, son iguales. Guardan tu plata, te ofrecen créditos, cuentas de ahorro, libranzas y otros servicios y productos. Todos ofrecen lo mismo. Sin embargo, ¿cuántos bancos hay? Muchos, muchísimos. ¿Por qué? Porque cada uno se enfoca en un nicho distinto del mercado, porque cada uno emplea estrategias distintas que le permitan llegar a segmentos diferentes del mercado.

Particularmente, yo agradezco la competencia. No solo porque me hace mejor, porque me motiva, porque me exige, sino también porque me sirve de referencia. En la etapa previa al lanzamiento de tu producto o servicio, la competencia es la que te permite conocer el mercado: qué hay, qué hace falta, cómo lo venden, a quién se lo venden. No lo dudes: en ese momento, más que nunca, necesitas de la competencia, que te ahorra tiempo, esfuerzo y dinero.

¿Cómo prepara un partido el técnico de un equipo de fútbol? Trabaja para potenciar las virtudes de su grupo, pero sobre todo para sacar provecho de las debilidades de su rival. Lo estudia, lo analiza, lo desmenuza, lo desnuda y luego lo ataca. Esa es, precisamente, la estrategia que tú deberías emplear en tu negocio. Actúa como un DT y diseña la estrategia más conveniente basada en lo que tu competencia te enseña.

Si tú conoces tus fortalezas, pero también conoces las de tus rivales, así como sus debilidades, puedes elaborar un plan de marketing con menos margen de error. Esa información, además, te permite marcar una diferencia para inclinar la balanza de los clientes a tu favor. Porque, créeme, hoy en día, gracias a los avances de la tecnología y a la mente abierta de la gente, cada vez menos se compra por el precio.

Desde el teléfono móvil o cualquier otro dispositivo, las personas consultan las características del producto, de la oferta, y hacen la comparación de los beneficios y, por supuesto, de los precios. También es fácil recurrir a un experto, a alguien que conozca el mercado y lo que este ofrece y le pueda dar un consejo. Y, no tengas duda, escoge la opción que considera mejor para él, que casi nunca es la más barata, tampoco la más conocida.

Si tu producto o servicio es igual a lo que ya hay en el mercado, sí debes temerle a la competencia. Te aventaja por el tiempo que lleva en el mercado, por los clientes que ya cautivó. Pero, como se trata de diferenciarse, de atacar al ‘enemigo’ por las debilidades, tienes que ser diferente y mejor. Si no eres diferente y mejor, difícilmente podrás posicionarte y darte a conocer, y sin cumplir esas premisas, créemelo, lo que vendas será un milagro.

No le temas a la competencia que hay en el mercado. Más bien, aprovéchala. Aprende de ella (de lo bueno y de lo malo), de cómo atiende a sus clientes, de cuáles son sus fallas. Dado que hoy el mercado es gigante, ilimitado, y que las costumbres de los compradores han cambiado, solo venden los que verdaderamente son buenos, los diferentes. No le temas a la competencia: tenle miedo a ser igual que la competencia. ¡Ese sí es un problema!


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