Nunca digas “nunca”. Porque cada día, cada amanecer, es una nueva oportunidad. Es como si volvieras a nacer, solo que con experiencia acumulada, con conocimiento. Nunca digas “nunca”, porque como dice la canción del gran Rubén Blades “la vida te da sorpresas”. Y, por si no te lo había contado, ¡me encantan las sorpresas!, en especial cuando llegan cargadas de felicidad.

No soy la única persona a la que le ha ocurrido, pero sí estoy seguro de que soy muy afortunado. Y no puedo darte mayores explicaciones, porque la verdad no las hay. Lo cierto es que 22 años después de que la relación se terminó porque me vine a los Estados Unidos y, aunque no era lo que estaba planeado, me radiqué aquí, me caso con la que era mi novia en aquella época.

¡Sí, me caso! Cuando tomé la decisión de dejar Colombia y venir a Estados Unidos con la intención de aprender de marketing, en mi mente estaba la idea de regresar un año o, como máximo, dos años después. Sin embargo, eso no ocurrió: me quedé, eché raíces, me casé con una ciudadana estadounidense que es la madre de Nichole y Laura, mis hijas, la felicidad y bendición de mi vida.

La vida te lleva por caminos insondables, incomprensibles. Para cumplir mi sueño de ser un emprendedor digital tuve que pagar un precio muy alto: alejarme de la señora Julita, mi madre, y dejar atrás mi amor por Catalina. Un amor que, sin que pudiéramos impedirlo, fue extinguiéndose poco a poco, por la distancia, por dificultades insalvables, porque la vida nos llevó por caminos distintos.

Sin embargo, hoy más que nunca le encuentro sentido al hecho que la Tierra sea redonda. Sin haberlo planeado, sin esperarlo porque ya cada uno había hecho su vida con otras personas, nuestros caminos volvieron a cruzarse. Y, aunque en ese momento ambos estábamos casados, de a poco los planetas se alinearon, confabularon a nuestro favor y, tras 22 años, nos casamos.

Después de muchos problemas, mi relación con la madre de mis hijas se rompió y me divorcié. Algo parecido le ocurrió a Catalina, en Colombia. ¿Coincidencia? ¿Travesura de la vida? No sé. Lo cierto es que cada uno continuó su camino, su vida, que no es fácil cuando te separas de tu pareja y tienes dos hijas menores. A mí, por ejemplo, me cambió la rutina, los horarios y las prioridades.


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

Somos una gran familia con nuestros hijos Juliana, Laura, Nichole y Camilo.


Me concentré en mis hijas y en mi trabajo, en ese orden. Y, casi sin darme cuenta, sin haberlo planeado, la vida puso otra vez a Catalina en mi camino. Su presencia, su apoyo, su cariño fueron fundamentales para ayudarme a salir de una situación personal y laboral muy complicada. Tengo la seguridad de que, sin ella, jamás lo habría logrado. Y ese, sin duda, fue el nuevo punto de partida.

El resto lo hizo la tecnología, ¡bendita sea! Whatsapp e internet se encargaron de reavivar la llama que creíamos apagada. Fue cuando comprobé que es completamente cierto aquello de que “donde hubo fuego, cenizas quedan”. Y las cenizas se transformaron en brasas y las brasas, en fuego. ¡Fuego de una nueva pasión! Con el camino libre para ambos, hubo otra oportunidad.

Y la vamos a aprovechar, más allá de las dificultades, que esta vez no nos vencerán. Sé que no será fácil, porque ya no estamos solos: tenemos una gran familia, con mis hijas Nichole y Laura y con sus hijos Juliana y Camilo. Y, no te lo voy a negar, tengo miedo. Pero, sé que esto no ocurrió por casualidad, sé que nuestra historia solo quedó en pausa y ahora, felizmente, se reanuda.

No suelo compartir aspectos tan privados de mi vida, pero esta vez quise hacer una excepción. ¿Por qué? Primero, porque estoy inmensamente feliz, y la felicidad compartida se multiplica. Segundo, porque detrás de esta situación hay grandes aprendizajes que, quizás, puedan ayudarte a ti, bien sea en los negocios, bien sea en la vida, bien sea en una relación. Veamos:

1.- Nunca digas “nunca”. La vida es sabia y sus tiempos son insondables. A veces crees que te arrebata algo que quieres, que es importante en tu vida, pero solo te dice “este no es el momento adecuado”. Nunca digas “nunca”, porque la vida da muchas vueltas y la oportunidad que esperas quizás está a la vuelta de la esquina. Solo confía, cree y prepárate para recibir las bendiciones.

2.- Vale equivocarse. Un divorcio es una de las situaciones más traumáticas que puede enfrentar un ser humano, y más cuando, como en mi caso y en el de Catalina, hay niños de por medio. Cuando cada uno de nosotros formalizó esas relaciones, lo hizo con la convicción de que sería “para toda la vida”, pero no funcionó. Vale equivocarse, porque la vida no es perfecta.

3.- Lo que es para ti, es para ti. No importa cuánto tiempo se demore, no importa cuántas dificultades debas sortear. Si algo es para ti, llegará a tu vida tarde o temprano y tu tarea es estar preparado. Ni en el más dulce de mis sueños pensé que la vida me volvería a reunir con Catalina, pero aquí estamos otra vez y haré lo que sea necesario para que esta vez sea “para toda la vida”.

4.- Se vive solo una vez. Ya no somos las mismas personas que se enamoraron la primera vez, el siglo pasado. Somos conscientes de que la vida nos premió y de que no podemos desaprovechar la oportunidad. Queremos ser una familia feliz, queremos que nuestros crezcan juntos, queremos envejecer uno al lado del otro y poder contarles a nuestros nietos esta particular historia.

5.- Si caes, levántate y sigue. El pasado ya quedó atrás y no lo puedes cambiar. Solo tienes el presente, así que vívelo, disfrútalo, agradécelo. Las decisiones que tomaste, los errores que cometiste, las dificultades que enfrentaste son solo aprendizaje Valóralo y utilízalo para no tropezar con la misma piedra. Si caes, levántate, sacúdete el polvo y sigue. ¡Ve por tus sueños!

Hay situaciones que no te puedo explicar, simplemente porque no hay palabras para hacerlo. Y está bien, porque así es la vida. Una vida a la que le agradezco por haber puesto otra vez en mi camino a Catalina, por haber permitido que se cruzaran nuestros caminos, por haber encendido de nuevo la llama de la pasión. Me caso, estoy feliz y quiero compartirlo contigo. Ah, y nunca digas “nunca”


Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

La vida volvió a cruzar nuestros caminos y esta vez no vamos a desaprovechar la oportunidad.

 


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