Estamos acostumbrados a ver cómo las personas mayores, nuestros padres o hermanos, cumplen con el ciclo laboral convencional y se vuelve desechables. A pesar de su talento, conocimiento, experiencia, contactos, pasión y vocación, están demasiado viejos. No les queda más remedio que hacer uso de buen retiro y dedicarse a cuidar a los nietos, a ver cómo pasa el tiempo.

Es el curso natural de la vida, dicen. Todos vamos para allá, dicen. Ya lo dieron todo, ahora que se dediquen a descansar, dicen. Lo triste es que cada día vemos a adultos mayores sumidos en la frustración, olvidados y enfermos precisamente porque les hacen falta la actividad, los retos, el compartir con otras personas y el aprendizaje que surge del intercambio con otras generaciones.

A Juan Francisco de Martí le llegó el que podríamos llamar el Día D, el día después de dedicar buena parte de su vida al mundo laboral convencional. Satisfecho por lo que había logrado y por el aprendizaje adquirido, tenía claro que lo suyo era buscar nuevas experiencias enriquecedoras que le permitirán sacar provecho del conocimiento, las relaciones y la pasión por servir a otros.

Más que un trabajo que le garantizara una fuente de ingresos, Juan Francisco necesitaba un nuevo reto, algo que lo exigiera, que le permitiera ofrecerle a la sociedad y a la vida una retribución por cuanto le ha dado. “Un día, un buen amigo me planteó la posibilidad de entrar en un modelo de negocio completamente nuevo en Latinoamérica: el network marketing”. Ese fue el punto bisagra.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

En Comando Secreto, Juan Francisco fue un inspirador ejemplo y espíritu joven.

De niño, soñaba con ser cura (sacerdote) y alcanzó a estar dos años en el seminario. Hasta que un día el obispo le preguntó a qué aspiraba y su respuesta por poco provoca que lo excomulguen: “quiero ser papa”. El prelado, entonces, le sugirió retirarse porque carecía de algo imprescindible para quienes aspiran a convertirse en los representantes de Dios en la Tierra: humildad.

Se inclinó por el Derecho, pero luego desistió por el terror que le generaban los exámenes orales. Finalmente, por la afinidad con las matemáticas y la química, estudió Ingeniería Química. Durante los años que ejerció, tuvo la oportunidad de viajar con frecuencia y hoy todavía conserva el gusto por conocer nuevas culturas, por tratar a personas distintas y por aprender más y más.

Siempre quiso ser independiente, como su padre, pero hubo algo que lo atrajo del modelo de ser empleado: “en mis inicios, no había muchos ingenieros químicos, el pago era relativamente bueno y había beneficios superiores al común de las profesiones”, cuenta. Pero como la vida es un círculo y siempre volvemos al punto de partida, llegó la hora de ser independiente. ¡Manos a la obra!

La posibilidad de generar una estabilidad económica superior a la ofrecida por el sistema laboral tradicional y el reto de expandir un negocio propio internacionalmente fueron las razones que lo llevaron a tomar la decisión de echarse al agua. “Lo más difícil fue el descubrimiento del modelo de negocio y su funcionamiento”, a lo que se sumaba la falta de referentes en el mercado hispano.

Pasó un año antes de que Juan Francisco hallara un mentor que le explicara el negocio y pudiera entender qué es eso de network marketing (NWM). La primera señal de que iba por el camino correcto fue comprobar el potencial del modelo de redes de mercadeo, en especial como una opción válida para quienes en Iberoamérica sufren por la calidad e informalidad del empleo.


Lo que más le satisface a Juan Francisco de Martí hoy es “poder
acompañar con mi experiencia a quienes enfrentan obstáculos
que les impiden avanzar y que yo tuve la suerte de superar”.


En un ambiente en el que las circunstancias alientan el emprendimiento, el network marketing es una herramienta poderosa para ayudar a las personas a cumplir sus sueños y transformar su vida. Sin querer queriendo, Juan Francisco había terminado involucrado en algo que lo apasiona y que le permitió continuar el ciclo de aprendizaje que, en teoría, se había terminado para él hace años.

“Conocer nuevas dimensiones de los negocios, entablar amistad con personas de reconocido valor internacional en el NWM y conectar con los grandes en el campo de la motivación fue algo extraordinario”, asegura. Como se dice popularmente, Juan Francisco está en su salsa y lo disfruta mucho. Y, vaya ironía, pronto descubrió que trabaja más que antes y que tiene más de un jefe.

Me costó asumir que mi nuevo horario de trabajo es de 18 horas diarias y que no era cierto que hubiera despedido a mi jefe. Ahora tengo varios jefes y son los líderes que me siguen y también los alumnos de DeMartí Academy. Y también fue difícil darse cuenta que después de tres meses de haber comenzado no había resultados positivos: en ese momento, pensó en tirar la toalla.

Sin embargo, antes de que tomara esa decisión la vida le envió un mensaje: puso en su camino a Jeff Olson, su primer mentor en el mundo presencial. “Él me enseñó cómo transitar el mundo de las redes de mercadeo”, relata. Fue un nuevo despegar, el impulso definitivo para seguir adelante a pesar de las dificultades. “Lo más difícil fue entender qué significan mentalidad positiva y éxito”.

Mercadeo Global - Álvaro Mendoza

En el NWM, Juan Francisco encontró el mejor escenario para servir a otros.

Tuvo que aferrarse a las tres características que, según Juan Francisco, son indispensables para cumplir los sueños y tener éxito: “mentalidad, resiliencia y perseverancia. Creo que todo lo que nos sucede, errores incluidos, es parte esencial de nuestro crecimiento y de nuestra historia”. Una historia que en su caso está marcada por sus padres, sus hijos biológicos y sus 68 hijos adoptivos.

A través del network marketing, de su sensibilidad social y de su vocación, Juan Francisco entendió que el mejor negocio del mundo es servir.  Y la vida le dio la oportunidad de hacerlo con la Fundación Renacer, que surgió gracias al apoyo de unos amigos médicos oncólogos después de ver los padecimientos de niños de estratos bajos en el precario sistema de salud pública en Colombia.

“La Fundación me proporciona una gran satisfacción”, dice, aunque carga con el dolor de “tres angelitos que se nos adelantaron y que desde el cielo cuidan a Renacer”. También se enorgullece de ser un ícono internacional de Juan Valdez Café, la marca de los caficultores colombianos, como emprendedor senior. La misión que le encomendaron en este mundo, sin embargo, no concluye.

Supo que hay mucho por hacer cuando se cruzó en su camino Álvaro Mendoza, que lo animó a ingresar al mundo virtual para compartir su conocimiento y experiencia. Aunque era poco o nada lo que conocía de ese universo, aceptó el reto y se dio a la tarea de capacitarse y convertirse en un formador de quienes ven en el NWM una opción de vida que les permita cumplir sus sueños.

 “Me falta dejar un legado en el mundo del NWM”, asegura. Quizás por andar tan ocupado y tan preocupado por ayudar a otros, Juan Francisco todavía no se dio cuenta de que su legado ya está, ya se disfruta. Su ejemplo es motivo de admiración y de inspiración no solo para sus seguidores, para sus alumnos y sus hijos adoptivos, sino también para quienes sueñan con una vida plena.

En Comando Secreto, el grupo élite de emprendedores que bajo la guía de Álvaro Mendoza y Gus Sevilla se formó en República Dominicana, Juan Francisco fue el papá de los pollitos, además de un guía espiritual, la voz de la experiencia y, sobre todo, la inspiración a través de la alegría y la fuerza de un espíritu juvenil que no envejece. Un legado del que, sin duda, debe sentirse orgulloso.


 

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