Mi vida, en lo personal y en lo profesional, ha estado marcada por unos cuantos puntos bisagra. Esos momentos que dejan un antes y un después muy claros, sin camino de regreso.
Algunos fueron rupturas y dolieron. Aun así, me considero afortunado, porque todos, sin excepción, me ayudaron a crecer. Y hoy estoy convencido de que tú también estás viviendo uno, aunque quizá no lo hayas notado.
Te hablo de la inteligencia artificial.
Los puntos bisagra que me enseñaron a no temerle al cambio
El primero llegó cuando decidí abandonar las aulas de ingeniería electrónica para estudiar psicología. Fue un cambio abismal: pasé de las ciencias aplicadas a las ciencias del comportamiento, de la frialdad de los números y la soledad de la programación a las emociones y los problemas de los seres humanos.
Me dijeron que estaba loco. Me pronosticaron un fracaso rotundo. Fue una de las mejores decisiones de mi vida. No ejerzo la profesión, pero la psicología está presente en todo lo que hago como mentor de negocios.
El segundo llegó a finales de los años 90, cuando las circunstancias me decían que no había futuro. Colombia vivía una década convulsa, bajo la amenaza permanente del narcoterrorismo, y para los jóvenes que soñábamos con algo mejor el panorama era oscuro. Entonces se cruzó internet en mi camino.
Empaqué mis cosas, me despedí de la señora Julita, mi madre, y dejé atrás familia, amigos y trabajo. Me subí a un avión rumbo a Estados Unidos con la idea de aprender sobre internet y volver a Colombia a ponerlo en práctica.
No volví. Desde 1998 han pasado 28 años, me hice ciudadano estadounidense y construí aquí mi carrera en el marketing digital.
El tercero fue el nacimiento de mis hijas. Si eres padre o madre, sabes de lo que hablo: la vida en ese rol resulta muy distinta de lo que imaginabas. Distinta y mejor. Tuve que cambiar muchas cosas, y verlas crecer ha sido lo más maravilloso que he vivido.
El punto bisagra que llegó para todos al mismo tiempo
El más reciente ocurrió a finales de 2022, con la irrupción de la inteligencia artificial generativa. La IA existía desde mediados del siglo pasado, pero esta nueva versión lo cambió todo. Y lo que hemos visto hasta ahora es apenas la punta del iceberg.
Durante décadas, la IA se usó sobre todo en tareas operativas, como optimizar procesos o apoyar decisiones con análisis predictivo. Era cara, un privilegio de las grandes empresas.
La IA generativa llegó con dos novedades enormes. La primera, que está al alcance de cualquiera: hay muy buenas opciones gratuitas, y herramientas tan potentes como ChatGPT tienen planes muy accesibles. La segunda, que funciona como una navaja suiza.
Con ella creas imágenes, videos, guiones y textos, clonas voces y analizas grandes volúmenes de información. Y cada semana aparecen mejoras y aplicaciones nuevas.
Igual que internet en los 90, la IA me atrapó desde el primer día. Supe que tenía que adoptarla y aplicarla. Mi trabajo dio un giro de 180 grados: la uso todos los días, sin excepción, y los resultados han sido extraordinarios.
Pero no cambió solo mi trabajo. Cambió el mercado entero. No hay profesión, actividad ni negocio ajeno a ella, y no se trata de una moda pasajera. Es una revolución.
Por eso, como mentor de dos comunidades y asesor de emprendedores y empresas, no pasa un día sin que anime a alguien a adoptarla y adaptarla.
No importa a qué te dedicas ni si eres referente del mercado o recién empiezas: quien no la aproveche, tarde o temprano se quedará rezagado.
Cinco perfiles de usuarios de la IA que veo todos los días
Desde que llegó la IA generativa me he cruzado con una fauna muy variada: creyentes y escépticos, vendehúmo y gente honesta, fanáticos del copiar y pegar prompts y personas disciplinadas que saben enseñarle a la herramienta.
Estos cinco son los que más se repiten. Mientras los lees, pregúntate con honestidad en cuál te reconoces.
El fanático. No puede hacer nada sin la IA. Nada. Hasta para decidir qué almorzar le pregunta a ChatGPT. Se rindió a la tecnología y dejó de pensar por su cuenta.
Lo que necesita entender es sencillo: la tecnología existe para servir al ser humano, no al revés. Por eso insisto en que la IA no piensa por ti, pero puede ayudarte a pensar mejor.
El escéptico. No cree en la tecnología. La ve como una amenaza, la considera sobrevalorada y la reduce a un negocio pasajero. Ignora las evidencias, o directamente las desprecia.
Está en su derecho, pero tarde o temprano tendrá que asumir las consecuencias.
El incrédulo. Usa la IA con reservas, sin convencerse de sus beneficios, y por eso sus resultados son mediocres. Casi siempre la usa solo cuando el jefe o el cliente se lo exigen, porque piensa que «no puede hacerlo mejor».
Con esa actitud deja pasar buenas oportunidades y se va quedando atrás despacio, casi sin darse cuenta.
El cómodo. Le encanta la IA, siempre que no tenga que invertir nada: ni dinero ni esfuerzo. Colecciona prompts, recursos y herramientas, pero nunca los aprovecha. No sabe lo que quiere y termina dándole a la tecnología usos residuales.
A él le diría lo que la vida me ha enseñado: nada verdaderamente valioso es gratis, empezando por el tiempo que dedicas a aprender.
El apocalíptico. Está convencido de que la IA es fruto de una conspiración para acabar con la humanidad. Para él, Terminator es un documental anticipado y las máquinas dominarán el mundo en cualquier momento.
El miedo y las creencias limitantes no le dejan ver lo que para otros es evidente.
Tú le enseñas a la máquina, no al revés
No soy un evangelizador de la tecnología. Solo te comparto mi experiencia con uno de los puntos bisagra de mi vida, cuyo después solo me ha traído beneficios.
Ahora bien, hay algo que quiero que tengas muy claro: usar la IA no significa rendirte a ella ni depender de ella. La IA generativa es uno de tantos modelos de aprendizaje automático, máquinas programadas para aprender.
¿Entiendes lo que eso implica? Tú le enseñas, tú le das contexto, tú le dices qué hacer y cómo hacerlo. No al contrario.
Lo que vemos hoy ya ocurrió con la radio, con la televisión y con internet. Desde la psicología y desde mi experiencia como emprendedor, la explicación es siempre la misma: miedo, creencias limitantes, resistencia a lo que nos resulta extraño y a lo que no podemos controlar.
Es una reacción normal, pero injustificada. Por eso estoy convencido de que la nueva brecha no es tecnológica, sino mental: no la abren las herramientas, la abre la forma en que piensas sobre ellas.
Ni miedo ni humo: el equilibrio que te hace avanzar
Si todavía no lo has hecho, mi invitación es que te des una oportunidad con la inteligencia artificial. No tienes que dominar todas las herramientas. Elige la que creas que más te puede ayudar en tu trabajo.
Conócela, pruébala y, si los resultados te convencen, intégrala en tu día a día. Después vendrán otras. Lo importante es empezar, paso a paso, en lugar de quedarte mirando desde la orilla.
Tampoco te dejes intimidar por los apocalípticos ni te subas al globo de los vendehúmo: los extremos son viciosos.
Se trata de conocer la tecnología, ponerte objetivos claros y buscar el equilibrio entre la herramienta y lo que solo tú aportas: tu conocimiento, tu criterio y tu talento como ser humano. Parte de ese criterio es saber dónde usar la IA y dónde no.
El punto bisagra que estás viviendo ahora
La IA generativa es un cambio de paradigma inevitable, un antes y un después, con un impacto que ya se siente en todas las industrias. Y como pasó antes, solo quienes se adapten a este nuevo ecosistema podrán liderar su mercado.
Otros desaparecerán. No por culpa de la IA, sino por su ceguera para aprovecharla.
Así que vuelve a la pregunta del principio: ¿cuál de estos cinco perfiles eres tú hoy? Y, sobre todo, ¿cuál quieres dejar de ser a partir de ahora?
Si quieres recorrer ese camino acompañado, con criterio y sin humo, te invito a sumarte a mi comunidad gratuita Marketing Magnético. Ahí conversamos sobre cómo aplicar la IA y el marketing a tu negocio real, con los pies en la tierra.




