Todos conocemos a alguien que, tratando de ser útil, lo único que hace es empeorar las cosas.

Pues con los que escriben, también se da.

Siempre hay algún pariente o amigo que, al leer lo que usted le muestre, le dirá: “deja que yo te lo miro, ¡tengo muy buena ortografía!

¡En las composiciones del colegio la maestra siempre me ponía un 10!

Entonces se pone a corregir, como si fuera un experto… pero… ¡ay!, no lo es…

Y usted, que con toda inocencia le pidió un comentario sobre qué le parecía su escrito, se encontrará con que se lo quitan de las manos y lo reducen a escombros.

Aunque no lo crea, eso sucede también con quienes se “autotitulan” correctores sin serlo.

Y ya sabemos muy bien que cada materia tiene su especialista. ¿O acaso si a usted le duele una muela va a ir a ver a un reumatólogo?

No es solo el estudio, sino los años de experiencia los que hacen al buen Corrector.

Si quiere hacer las cosas bien… escriba –ya sea una novela, un cuento, una tesis o una carta de ventas–, y luego pregunte, consulte, averigüe, ¡puede llevarse una muy grata sorpresa si su obra cae en las manos adecuadas!

Un cordial saludo

Prof. Correctora Hilda Lucci

Pin It on Pinterest