Con lo que te he dicho hasta ahora acerca de los webinarios, quizás te hayas formado una idea equivocada: que son una actividad complicada. Se trata de una herramienta compleja, que es distinto, y que además tiene una gran virtud: si haces bien el proceso, si respetas el proceso, si en verdad hay un proceso de construcción, te revierte con creces. ¿Eso qué quiere decir? Que la máquina registradora se vuelve loca: clinc, clinc, clinc…

Los webinarios son tan poderosos, que te permiten alcanzar objetivos como generar más tráfico, generar una lista, generar más ventas. Y una de las funcionalidades más prácticas y más útiles es la de la clonación: puedes repetir la actividad tantas veces como sea necesario y en cada una testear nichos diferentes o realizar emisiones privadas, a las que solo un público selecto y específico puede acceder.

Como lo dije anteriormente, una de las ventajas de los webinarios es que puedes hacer pruebas hasta afinar el contenido justo a lo que deseas, a lo que necesitas. ¡Esa es la tarea dura, la complicada! Después, enciendes el botón de piloto automático y, tras bambalinas, te recreas con las maravillosas posibilidades que de brinda esta herramienta. Mientras descansas, mientras haces otros trabajos, mientras viajas, ella produce por ti y para ti.

Una vez tengas la versión ideal de tu webinario, con la opción de la clonación puedes deleitarte. Programas una emisión exclusiva para clientes de Europa en un horario conveniente para ellos, lo que te permite segmentar el mercado y controlar la actividad al ciento por ciento. También puedes tener dos versiones idénticas del webinario, pero dirigidas a nichos distintos, con objetivos distintos, con seguimientos distintos.

Cuando vayas a hacer uso de esa opción del piloto automático, no lo anuncies, pero ten cuidado de no vender una idea errada que dañe tu imagen y debilite tu credibilidad. A la hora de la verdad, a la gente no le importa si es en vivo y en directo (la mayoría de veces, ni se da cuenta si es emisión remota), porque lo que verdaderamente le interesa es el contenido. Y para la interacción no se frustre, les dices que vas a tratar de responder sus preguntas.

Eso tiene un beneficio importante: te queda la inteligencia de marketing con las preguntas que inquietan a tus prospectos y clientes, una información muy valiosa en dos sentidos. Una, es la excusa perfecta para contactarlos más tarde, para reforzar el proceso de conversión; dos, sabes con exactitud qué les preocupa, qué no los deja dormir, y puedes planear el siguiente paso de tu estrategia de marketing.

Una de las características de la automatización es qué se puede hacer tan pronto terminar el webinario. Configuras la actividad de forma que, justo en el punto que decidiste, haces una transición hacia donde está la oferta de compra. Tras bambalinas, mientras vas respondiendo preguntas, el sistema recibe las ventas y actualiza la lista con los datos de las personas que no estaban inscritas.

Esas tareas operativas, en todo caso, no son lo más importante. La gracia de la automatización está en alcanzar un objetivo específico, está sustentada en una razón de peso: por ejemplo, ofrecerlo varios días a la semana, en horarios distintos, para facilitar la presencia de prospectos que no pudieron estar en la emisión inicial. Eso, sin embargo, es algo que debes testear, para no derrochar esfuerzos y recursos, para no equivocarte.

A mí me parece más poderoso cuando el webinario se hace un día específico a la semana, siempre a la misma hora. Por ejemplo, el día jueves a las 2 p. m. para Europa y a las 8 p. m. para América. Eso te da la posibilidad de programarte, de ordenar tu trabajo, de enfocar esfuerzos y recursos para ese día y a esas horas. Por supuesto, determinar el día y la hora de la emisión es parte de las pruebas que debes haber realizado con antelación.

Un consejo final: no te obsesiones con la posibilidad de automatizar tu webinario. Hazlo solo cuando estés seguro de que la presentación es justamente la que deseas, la que necesita tu mercado. Prueba, prueba y vuelve a probar. Si aún sigues inseguro, si tienes miedo de que algo pueda salir mal, mantente tras bambalinas, de modo que puedas reaccionar. Cuando hayas llegado al punto ideal, entonces sí ¡pulsa el botón de piloto automático y relájate!


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